Me pasó hace demasiados años y, en realidad, ya no se si me pasó.
¡Pero si yo no quiero contar nada!
Un día el circo apareció de la nada en mi pueblo.
Me parecía enorme y maravilloso, aunque todos eran muy pobres, me dijo mi padre.
El otoño estaba lentamente tiñendo las cosas con ese color verde amarillento y tostado.
Junto a leones famélicos, el forzudo asaba pan en la fogata, rodeado de viejas mujeres que me parecieron brujas, y que me asustaron.
Cuando mi padre me tranquilizaba riéndose con las ocurrencias de las viejas apareció uno payaso arlequín.
Me hizo reír, con el miedo que tenía.
La situación y esas sensaciones, me grabaron a fuego la memoria.
El payaso era de porcelana o de nieve; está lejos en el tiempo.
Le pregunté con voz de niño si lo que hacía le gustaba y me dijo - si no recuerdo mal - "Se viaja, se conoce gente y así me siento bien".
Payaso de porcelana.
Niño feliz un día.

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