miércoles, 1 de abril de 2009

El globo nada dormilón.

El globo nada dormilón

 

En una tarde de otoño y el viento soplaba y arrastraba las hojas de los árboles y hacía olas como acantilados.

Los niños corrían y jugaban en el parque de Los Atunes y en el espigón del puerto.

Era un parque pequeño; un estanque y una fuente nada más lo adornaban.

Dentro, las hojas no existían, todo era como si el tiempo se parase a descansar y de un bolsillo de mago salieran invisibles escobas.

Allí iban los ancianos a pasear, a recordar las historias de su vida y a soñar de nuevo.

Un payaso vendía sus globos de colores.

- ¡Mirad, un globo se ha escapado, gritaba un niño!

- ¡Seguro que ha subido a las estrellas, gritó otro!

Otro niño preguntó:

- ¿Por qué se hinchan cuando los pones en tu chisme?

- Los lleno de gas, que flota en el aire, respondió el payaso, armado de paciencia.

El globo flotaba ya mas allá de la vista.

Los globos a veces se escapan y dejamos de creer en ellos, pero cogemos otro y  volvemos a soñar.

¡Cuando uno se escapa, cogemos otro y volvemos a soñar!

 

Dedicado a la niña rubia de un barco, que se le escapó un globo, y se quedó pensativa y como dentro de un sueño, recogía su cabello.

 

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