El globo nada dormilón
En una tarde de otoño y el viento soplaba y arrastraba las hojas de los árboles y hacía olas como acantilados.
Los niños corrían y jugaban en el parque de Los Atunes y en el espigón del puerto.
Era un parque pequeño; un estanque y una fuente nada más lo adornaban.
Dentro, las hojas no existían, todo era como si el tiempo se parase a descansar y de un bolsillo de mago salieran invisibles escobas.
Allí iban los ancianos a pasear, a recordar las historias de su vida y a soñar de nuevo.
Un payaso vendía sus globos de colores.
- ¡Mirad, un globo se ha escapado, gritaba un niño!
- ¡Seguro que ha subido a las estrellas, gritó otro!
Otro niño preguntó:
- ¿Por qué se hinchan cuando los pones en tu chisme?
- Los lleno de gas, que flota en el aire, respondió el payaso, armado de paciencia.
El globo flotaba ya mas allá de la vista.
Los globos a veces se escapan y dejamos de creer en ellos, pero cogemos otro y volvemos a soñar.
¡Cuando uno se escapa, cogemos otro y volvemos a soñar!
Dedicado a la niña rubia de un barco, que se le escapó un globo, y se quedó pensativa y como dentro de un sueño, recogía su cabello.

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