sábado, 4 de abril de 2009

La palmera lisérgica

No más, güey, que yo pateaba las callejuelas de México D.F. cuando un chavito se me arrimó con unas bolitas marrones.

Son 100 pesos cada una, señor.

No te pases güey, le respondí.

Señor, son lo mejor del desierto de Nuevo México, no más un primo me las trajo ayer, las recogió personalmente un indio mescalero, son lo más de lo más, verá usted como el mundo se le vuelve de colores.

Y ese fue el resultado en una playa de la península del Yucatán, cuando mi colega y yo decidimos tragarlas según un viejo rito mexicano, con mezcal.

 

 

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