Cuando por tu cuerpo pasen las legiones de la muerte y tus manos sean la tierra de mi huerto, sembraré con las mías para tocarte, y en el tallo de los lirios encontraré tu cintura y en el color del tomate tus mejillas, las verbenas me hablarán de tu hermosura; así estarás de nuevo en mi vida.
En las semillas de los rosales, en el verde de la hierba, en el viento que mece los matorrales, ya no estarás muerta; y empeño mi vida en tener mi jardín cultivado de flores y plantas aromáticas, lleno de pensamientos morados y como jardinero acariciaré tus curvas con mano temblorosa aunque escaparán como hojas muertas que aleja el viento ligeras; aun así buscaré en el color de la hierba, en la fuerza de los pinos, si es preciso, bajo tierra, en el tuyo, mi destino, que encontraremos en el abono de la vida, vivos, aunque muertos, en las cosas sencillas.

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