El hombre blanco se acercó sigiloso a la choza coronada de plumas del brujo de la tribu, y le confesó que no podía…
En el lenguaje de la tribu, no poder es no ser (bastante shakesperiano, por cierto) pero lo que realmente le sorprendió fue que el blanco no argumentara su muerte en vida con algo más que un movimiento de hombros.
Apenas cuatro minutos llevó la consulta (usualmente los brujos se toman mucho tiempo para sus rituales de sanación).
El hombre blanco salió firme y con la mirada abierta y la sonrisa kilométrica; nadie supo nunca qué remedio preparó el brujo, ni qué palabras usó.
Sólo se había escuchado en la sabana una risa desatada y ya no quedaron dudas de que el paciente, si pudo reír, podía ser feliz.
En algunas tribus, la risa es el testimonio físico del éxito de cualquier tratamiento o del poder infinito y milagroso de la intención de sanar,
Palabra de brujo.

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